
En el restaurante Zarracín se respira vidilla gastronómica, especialmente a través de los múltiples menús y jornadas que protagonizan su cocina vasco-navarra, con especialidades de temporada que, nos aseguran, son difíciles de encontrar en Madrid. También cuentan con los grandes clásicos como el txangurro de Guetaria, la merluza o el bacalao (especialidades) y el muy apreciado chuletón de buey a la parrilla. El restaurante lleva ocho años funcionando y nos hablan con cierta nostalgia de tiempos mejores en los que la cocina y los comedores estaban en plena ebullición, y que con la crisis económica bajaron un poco el ritmo. No obstante, se mantienen en pie y dignamente y a juzgar por su buen trabajo, les auguro y deseo un futuro de crecimiento y prosperidad. El restaurante se ubica en la calle San Bernardo 106 y cuentan con un parking concertado en la calle san Bernardo 95.

Entre los muchos menús que ofrecen, nosotros acudimos atraidos por un menú de tapeo para cenar de lunes a jueves por un precio de 22 € (sin IVA). Probablmente sea una buena oportunidad, de lo más asequible dentro de la oferta del restaurante, para disfrutar de su cocina. El menú es para dos personas e incluye dos pirmeros a elegir entre anchoas de Motriko con tomate, huevos rotos con chistorra, jamón con pimientos de Gernika y setas de la casa, con oporto y nata flambeados. Atención especial a este último entrante. De segundo, a escoger entre el bacalao con pimiento, la merluza a la romana, el solomillito de buey con foie y la carrillada. Mi recomendación va hacia el bacalao y el solomillito. En general, buenas materias primas y bien elaboradas, acompañadas con sidra natural escanciada directamente desde su kupela (tonel) y con un dulce finl a cargo de la pantxineta con gelatina de pacharán. Algunas de las raciones nos pareció que pecaban de simpleza, pero lo más destacabale era la calidad de la materia prima y el logro de alguno de sus platos, ya comentados, como las anchoas, las setas, el bacalao o el solomillito.

Setas al estilo Zarracín

La carrillada
El local es acogedor, con una pequeña barra de recepción a la que me atrevo a hacerle la sugerencia de que incluyan alguna banqueta o espacio para poder sentarse y esperar al resto de comensales, en lugar de tener que hacerlo de pie. A continuación un par de comedores semiseparados y al fondo a la derecha el comedor grande. Estilo clásico, acogedor, completo, al que sin embargo también tengo que ponerle un pero y es que había algo en la decoración que sin ser desagradable, no me cuadraba del todo con la atmósfera y el carácter del restaurante. Para el servicio sólo tengo palabras buenas: profesionalidad, atención, rapidez, simpatía.. ¿Conclusiones? Buen sitio para disfrutar de la cocina vasco-navarra, lugar muy vivo gastronómicamente como apuntaba al comienzo de la entrada, lo que permite acercarse a él desde varios intereses y posibilidades económicas, y espacio acogedor, cómodo y bien atendido. Más adelante, volveremos a seguir probando.