Hace tiempo ví en la televisión un reportaje sobre un nuevo restaurante chino que se abría en Leganés. Hasta aquí, sin grandes novedades. Lo interesante de la noticia era que se trataba del restaurante chino más grande Europa, abierto en la nave de un polígono industrial. La semana pasada cogimos el coche y nos dirigimos a la calle Severo Ochoa 23. El sitio se reconoce rápidamente gracias a una especie de pagodas que tiene montadas e iluminadas en el techo y desde un principio, impresiona el tamaño de su fachada. Según entrábamos, estatuillas y palmeras custodiaban el pasillo y dimos rápidamente al hall principal, desde el cuál se accede a los distintos comedores. A pesar de todo, lo que comenzó siendo llamativo por el tamaño nos terminó resultando algo horterilla y sin tanta gracia..
De lunes a jueves buffet por 13,95 €, sin bebida y sin IVA. En el buffet platos chinos sencillos (simples), congelados de freidora, tres bandejas de sushi (lo mejor, estaba bastante bueno) y un apartado para los productos crudos que puedes mezclar para que te lo cocinen a la plancha o en wok. Un buffet poco brillante. Los platos que merecían la pena se podían contar con los dedos y la palma de la decepción se la llevó la sección de postres, muy, muy mejorable. Cuando pasamos por caja, tuvimos la sensación de que por la relación calidad-precio la cena nos había salido cara. Sin contar la gasolina, imprescindible para llegar a Shangrila. Así que experiencia gastronómica mediocre, centrándonos en el buffet ya que la carta no la probamos. Quizá el sitio esté más pensado para acontecimientos y celebraciones de familias chinas que para intentar montarse una cena informal y pretender cenar bien.



















