Curiosamente, Le Petit Bar, a pesar de ser efectivamente petit, es un local tres en uno: taberna, vinoteca y restaurante. Y ninguno de estos tres aspecto desmerece lo más mínimo. Abierto en la calle Fúcar 9, llevan ya unos años en marcha por lo que su aficción al detalle en la cocina y su gusto por la gastronomía ya serán bien conocidos entre los vecinos. De primera mano pudimos comprobar que varios de los clientes eran habituales del lugar. Dicen en su página web que se trata de un sitio para recogerse del bullicio de la ciudad y que su cocina es sencilla, pero yo no estoy de acuerdo con ninguno de los dos apuntes: se trata de un sitio “movidito” y su cocina no la calificaría como sencilla, sino como detallista, reflejo de cierto afán de innovar y tener estilo propio.
Se come bien. En la carta figuran especialidades como los raviolis de boletus con salsa moscatel y virutas de foie (12 €), croquetitas de jamón y/o setas (8 €), bacalao dourada (11 €), confit de pato (13,50 €), codillo con tres mostazas (10 €) o el tapón de chocolate cremoso con sorbete de naranja sanguina (6,50 €). Nosotros estuvimos bien entretenidos con una degustación de tres aceites (oliva virgen, de trufa negra y de trufa blanca) acompañados de sal de algas y sal ahumada (7 €). Le Petit Bar lo montaron y lo llevan con simpatía y diligencia Ana y Elena, dos personas jóvenes que van paso a paso trabajándose los paladares y estómagos de sus clientes, con buenas dosis de originalidad y atención a la calidad. Si os gusta el sitio, será buena idea que os informéis de sus nuevos menús navideños o de sus catas de vinos.
Por un precio aproximado de 20-25 € es posible cenar bien en Le Petit Bar y quedarse con ganas de volver a por ese plato con el que estuviste dudando.. Un pequeño local con ciertos brillos gourmet y una trayectoria que va consolidándose gracias al buen trabajo.
Más información: http://www.lepetitbar.es









