La historia de Los Galayos se remonta a 1894 como Casa Rojo, en la que tal vez por el poder adquisitivo del ciudadano de aquel momento, sólo se servían tapas y aperitivos. Con el paso del tiempo el local ha ido evolucionando constantemente, adaptándose a las nuevas necesidades y exigencias del público actual. Es un restaurante con sabor a historia, sirva como ejemplo y de gran interés histórico, la última reunión que mantuvo la generación del 27 (en la foto) antes de la guerra civil. Fue el homenaje que se celebró en este restaurante a Luis Cernuda, con motivo de la publicación de “La realidad y el deseo” el 29 de abril de 1936, ya que fue la última instantánea, antes de que la guerra civil provocara la trágica desaparición de alguno (Federico García Lorca) o la diáspora general. Hay restaurantes de este tipo por Madrid que merece la pena conocer aunque sea por los entresijos de su historia y los testimonios que podrían dar sus paredes si hablaran..
Hoy en día en Los Galayos nos encontramos un sitio tradicional, castellano 100%, pero no renegado del todo de la modernización y la puesta al día de los platos. El local merece la pena conocerlo bien, sus dos entradas, una por la Plaza Mayor y otra por la calle Botoneras 5, sus dos barras, sus dos terrazas y sus tres salones, el Duque (más rústico y de decoración cuidada), el Ávila (el más castellano de todos, con Don Quijote muy presente) o la Bodeguilla, un espacio fenomenal que traslada a los comensales a una auténtica bodega castellana de tiempos de Alfonso XIII. Los salones y las terrazas las ocupan todo tipo de clientes.. desde turistas, a funcionarios, bomberos, vecinos, comidas familiares, reuniones de empresa.. Es un lugar en el que es fácil encontrarse cómodo y escoger el ambiente adecuado.
Salón La Bodeguilla
De la carta merece la pena destacar las especialidades, que además han sido las que hemos tenido el privilegio de probar: los trigueros rebozados con alioli, las puntillitas con pimientos y huevo, el cocido madrileño en puchero (uno de los más populares de la capital) y la paletilla de cochinillo, exquisita, desde mi punto de vista inmejorable. La tarta de queso final, de elaboración casera, también merecedora de varios elogios a coro. Así que en general, la cocina fabulosa, generosa en las raciones, acertada en la presentación y apoyada en una buena elaboración y materia prima. En esta ocasión también tengo buenas palabras para el servicio, detallista, amable, simpático, atento, puntual.. por no mencionar que la posibilidad de comer en salón o en terraza, ahora que comienza el buen tiempo, es todo un lujo.
Cocidito madrileño en su puchero.. listo para servir
Cochinillo
Cualquiera que leyera esto podría pensar que los propietarios de Los Galayos me han sobornado para hacerles publicidad de su local, ya que todo son elogios y cumplidos. Y en cierto modo, si. Pero no ha sido exactamente un soborno, sino el brindarnos una auténtica experiencia gastronómica satisfactoria, un buen servicio y una profesionalidad en la que no hemos encontrado defectos o críticas por hacer. ¡Suerte, la nuestra!. Os animo, muy sinceramente, a compartirla.




